Ezinbestekoak eta Hubris-en sindromea

Joxe Iraurgi

Las personas que lo padecen se encuentran en puestos de poder, suelen ser generálmente políticos que llegan a creerse imprescindibles los del “yo o el caos”, dado que los poderosos en otros ámbitos de la sociedad, suelen llegar a la cumbre por méritos propios, por ser personas válidas, inteligentes… algo que no es imprescindible para llegar a la cumbre en política, donde se valoran también el carisma personal, la suerte o la oportunidad del momento y en nuestro Estado, al arribista al poder que da el imperialismo y gestionar sus migajas.

Donde más se da este síndrome es en la política, tratándose de un Estado como el nuestro, conquistado y mediante genocidio colonizado, el coctel del “imprescindible y el síndrome de Hubis” es mortal y suicida. En una primera fase una persona “MÁS O MENOS NORMAL Y OPORTUNISTA” se mete en política y de repente alcanza el “PODER” o un cargo importante; puede que internamente tenga un principio de duda sobre su capacidad, pero poco a poco le va surgiendo una legión de pelotas y aduladores que le dicen lo listo que es y el tipo que tiene.

Las dudas desaparecen y empieza a pensar que está ahí por méritos propios. La segunda fase comienza cuando al político, los aduladores que le rodean “ya no se lo dicen lo bien que hace, sino que menos mal que estaba allí para solucionarlo y es entonces cuando se entra en la ideación megalomaníaca, cuyos síntomas son la infalibilidad y el creerse “insustituible».

Más o menos como cuando el Papa habla ex cathedra, esta etapa es peligrosa porque al político le da por construir pirámides, Grandes Scalas, soterrar todo el tráfico de una gran ciudad o recorrer el mundo para dictar conferencias sobre asuntos de los que no tiene ni repajolera idea.

En la tercera etapa, los afectados por el síndrome de Hubris padecen lo que se conoce como desarrollo paranoide: «todos los que se oponen a él o a sus ideas son enemigos personales que responden a envidias”. ¿Y por qué este síndrome es más frecuente en la política que en otras actividades? En otros ámbitos es más frecuente que el que esté arriba sea el más capaz, pero en política no es así, porque los ascensos van más ligados a fidelidades.

El poder no está en manos del más capaz, pero quien lo ostenta cree que sí y empieza a comportarse de forma narcisista. El gran problema, concluyen los expertos,  es que es muy difícil tratar el Hubris porque los que lo padecen no son conscientes de que no se encuentran bien.

Por eso las reglas de “detección del síndrome de Hubris” (visibles en los politicos y cargos del pesebrismo pseudo democrático y pelotas del imperialismo franco-español-vaticanista ) van acompañadas de breves observaciones a conocidos líderes políticos supuestamente emancipadores, se pueden describir perféctamente en un decálogo:

1) Una propensión narcisista a ver su mundo principalmente como un escenario donde ejercitar su poder y buscar la gloria.

2) Una predisposición para lanzar acciones que puedan dar al individuo una luz favorable, con el fin de embellecer su imagen.

3) Una preocupación desmedida por la imagen y la presentación (La fauna de cargos del sistema). Además de un moso mesiánoco de comentar los asuntos del Pais con una tendencia a la exaltación

4) Una identificación con la nación o una organización hasta el extremo que el individuo valora su punto de vista y sus intereses como idénticos (Lenin, Gandhi, Cristo, el Borbón etc.).

5) Una tendencia a hablar de sí mismo en tercera persona o a usar la forma regia de «nosotros». Además de una excesiva confianza en su propio juicio y un desprecio por los consejos o las críticas de los demás

6) Una creencia de que antes de rendir cuentas al conjunto de sus colegas o a la opinión pública en nuestro caso colonizada, la Corte ante la cual deben responder es: la Historia transgénica y a Dios, además de la idea de que aquella corte les absolverá.

7) Una pérdida de contacto con la realidad, a menudo vinculada a un aislamiento paulatino.

8) Agitación, imprudencia e impulsividad.

9) Una tendencia a privilegiar su «amplia visión» en detrimento de la entereza moral de un derrotero señalado, pasando por alto la necesidad de contemplar las posibilidades prácticas, los costos y los resultados.

10) Una incompetencia «hubrística», cuando las cosas van mal porque demasiada confianza en sí mismo condujo al líder a desatender los peligros y las trampas generados por su propia política.

El año que viene es un mal momento para los afectados por el síndrome de Hubris: Tenemos elecciones locales y autonómicas. Los partidos que operan en la franquicia del Estado Español, obligarán a sus pastores a celebrar misa a diario, a sentarse delante de las siglas y de las alcachofas de los micrófonos, a contarnos que sin ellos en Euskadi y la CFN reinará el caos, el desorden, babel, el desgobierno y la confusión.

Una hecatombe, y verán sus fotos en todas partes: periódicos, revistas, vallas y farolas. Con unos eslóganes que nada dicen: Nosotros queremos y podemos. Euskadi y la CFN nos necesita, por un mañana mejor, manos limpias y bolsillos cosidos, corren malos tiempos para los “hubrísticos”.