¡Pero eso ocurrió hace mucho!

Cuando uno lleva varios años metido en esta tarea de reivindicar el Estado Navarro, de intentar hacer, en la medida de lo posible, lo que en cada momento ve necesario y le permiten las fuerzas y las circunstancias, uno pensaría que se habría hecho más recorrido en el camino. No me malinterpretéis, no quiero decir que no se haya avanzado nada, sino que el deseo, el ansia de ver ese sueño cumplido le lleva a uno a pensar que la cosa tendría que estar mucho más avanzada.

Claro que si tomamos distancia y quitamos la foto de enfrente de nuestra pituitaria, enseguida vemos que hay mucho más. Lejos quedan los días en los que a la bandera de Navarra se le gritaba “Ikurriña bai, espainola ez!”. Lejos los días en los que no se veían banderas navarras (me da igual el diseño) en los actos sociales, políticos y culturales de este nuestro país. A veces, cuando uno está obcecado en el camino es preciso parar y mirar atrás. Manifestaciones con chuzos de punta que no nos amedrentaban a la hora de portar la bandera, charlas, cursos, libros, comics, documentales, actos culturales y políticos, partidos políticos incluso, declaraciones en Ayuntamientos, camisetas provocativas y giros de lenguaje para transformar la realidad que nos ha sido impuesta. Siendo nosotros los primeros transformados.

En esa labor de transformación sin duda es fundamental hablar. Hablar con la gente más cercana, con los vecinos o incluso con desconocidos. El poder de la palabra, del verbo que se materializa. Es inevitable en esas conversaciones encontrar la típica respuesta que pretende ser lapidaria para acabar con golpe seco la discusión: “¡Pero eso ocurrió hace mucho!”

Harían falta varios artículos para abordar esa frase en sus múltiples vertientes. Déjenme hacerlo aquí desde la perspectiva de la percepción.

¿Qué es lejano en el tiempo y qué cercano? A Navarra la vemos (en la sociedad) como algo medieval, su independencia como algo de hace siglos, como si el peso de los años fuera una losa imposible de levantar y quitarnos de encima. Pues ya va siendo hora de empezar a reconocer a Navarra en el entorno, o al menos en una cercanía temporal.

¿Qué define a un Estado? Sin duda esta frase da para ríos de tinta, pero podemos encontrar un consenso en aspectos como disponer de un ejército o capacidad para llamar a la población a las armas, ser capaz de recaudar impuestos y gestionarlos para el bien común (qué se entienda como tal es otra cosa), elaboración de leyes y/o aplicación de un derecho consuetudinario dirigido todo a mejorar la vida de la sociedad de ese Estado, y que haya un sistema que vele por el cumplimiento de las normas y juzgue si han sido violadas.

Pues bien tras la conquista total en la “Monarquía Multiestatal” que es la España de los Austrias nos encontramos con que Navarra tiene sus propias leyes (Fueros), recauda sus propios impuestos, sólo se ve obligada a levar tropas si se invade su territorio, y tiene todo un sistema judicial. Y cuando digo Navarra por supuesto me refiero a toda la Navarra bajo dominio castellano sea con virrey o con dominio directo por subyugación (obligar a pleitear en Valladolid es sin duda un modo de dejar al conquistado las cosas claras).

Llegan los Borbones y tenemos ejemplos en la Guerra de la Convención de cómo se reclutan tropas locales a defender la tierra del invasor francés porque así lo dicta el Fuero. A diferencia del resto de Estados bajo dominio castellano Navarra en ésta época mantiene la estatalidad que tenía con los Austrias aunque la aculturización y presión sobre la sociedad está más presente que nunca.

Se suceden las Guerras Carlistas, el centralismo español ruge como nunca y en 1876 quedan abolidos definitivamente los Fueros. Desde 1841 a Navarra se le ha privado de su título de Reino, otro ejemplo más de cómo el conquistador ha hecho y desecho, transformando la realidad como ha querido y más le ha convenido.

Ojo, que estamos en 1876. En ese año el bisabuelo de quien escribe estas letras ya había nacido. Los abuelos de gente que está viva a día de hoy VIVIERON los FUEROS. Poca broma.

En 1878 también queda instaurada la “paria” que es el Concierto Económico. Teniendo que pagar a partir de ese año en las provincias occidentales de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa así como en la Navarra nuclear, una cantidad estipulada por Castilla, para lo cual tendríamos que buscarnos los vida. Una espada de doble filo. Todo ello para intentar mantener algo de esa Estatalidad que fue laminándose con el paso de las décadas.

Es ese Concierto de 1878 el que inspira, tras el parentesis franquista, el actual concierto y régimen económico especial. Las motivaciones de que estos conciertos se llevaran acabo en 1878 y 1978 podrán ser de lo más variopinto, pero su justificación es clara. La Estatalidad Navarra .Sin Navarra, no hay concierto. El Concierto económico Vasco-Navarro es Navarra. Es el Estado de Navarra.

Al ver por tanto a toda la sociedad navarra, salvo algún satélite, defender el Concierto, asistimos al cerrado de filas ante el Estado Navarro. ¿O no? Obviamente hay quien se conforma con el pago de las parias y quien está contentísimo con pagarlas mientras que otros vemos en el Concierto un símbolo pero sin quedarnos ahí, pues entendemos la estatalidad como la recuperación de la soberanía y no sólo cierta libertad de gestión a cambio de un pago acordado.

Es del todo falso por tanto decir que Navarra ocurrió hace mucho. Navarra ocurre ahora, en este mismo momento. Navarra está aquí y ahora, es su sociedad, una sociedad que paga una paria a su conquistador y que se aferra al último resquicio de libertad simulada. Para gustarnos tanto el cambio, el progreso, el futuro y el avance, nos buscamos mil excusas para justificar los hechos actuales en la inmutabilidad y la permanencia. Lo de Navarra ocurrió hace mucho, pero por otro lado “si siempre ha sido España”. Hay que ver lo estropeada que tenemos la percepción temporal…

Gaizka Basaldua
Nafar Biltzarra